
El Otro Perito Moreno: Una travesía por el rincón más silencioso de la Patagonia
El verdadero lujo en la Patagonia no reside en la inmediatez, sino en la distancia. Es el privilegio de llegar allí donde los mapas parecen quedarse en blanco.
Antes de partir
Este no es el Glaciar Perito Moreno —la famosa pared de hielo más al sur, en el Parque Nacional Los Glaciares—. Solo comparten el nombre del mismo explorador; nada más. Hablamos del Parque Nacional Perito Moreno, una de las reservas menos visitadas de Argentina, ubicada en el noroeste de la provincia de Santa Cruz, a unas ocho horas en auto desde El Calafate. Su aislamiento no es un obstáculo. Es, justamente, el propósito del viaje.
La Ruta 40 y un gaucho francés
Dejamos El Calafate en diciembre, con el equipo en la parte trasera del vehículo y un único propósito: desaparecer por un tiempo. El primer día transcurrió sobre la mítica Ruta 40, avanzando hacia el norte rumbo a Gobernador Gregores. Hicimos un alto en el camino en la Estancia Santa Thelma, donde nos recibió Antoine, un francés que alguna vez cruzó la Patagonia a caballo y nunca se fue del todo. Compró la estancia y vive allí la mayor parte del año. Su historia merece una crónica aparte.
Entrar a Santa Thelma es como pisar el set de un western que nadie filmó jamás. La noche patagónica nos envolvió alrededor de un asado a leña preparado por el propio Antoine, maridado con vinos argentinos y anécdotas que se extendieron hasta pasada la medianoche.

Donde reinan el viento y los cóndores
Partimos con la primera luz del día. El simple acto de adentrarse en el parque es sobrecogedor: cóndores escoltando el vehículo desde el cielo, guanacos pastando en la estepa en todas direcciones, sin multitudes, sin más ruido de motores que el nuestro. Aquí, el viento es el anfitrión. No vinimos solo a echar un vistazo. El plan era el Circuito Azara: cinco días y cuatro noches a pie.
El primer tramo, desde el inicio del sendero hasta el Refugio Tucúquere, nos regaló la postal perfecta: la inmensidad turquesa del Lago Belgrano a la derecha y los cordones montañosos elevándose a la izquierda. Luego, el viento rotó, el cielo se cerró y los últimos kilómetros cayeron en forma de lluvia fría. No hay nada de romántico en llegar empapado a un refugio. Sin embargo, sí hay cierta magia en encontrar una salamandra de hierro en su interior y leña previamente cortada por los guardaparques. Estos refugios son oasis inesperados, santuarios que recompensan a quienes estuvieron dispuestos a caminar hasta allí.
El día siguiente trajo consigo un cambio de piel. La estepa arbustiva cedió su lugar a los bosques de lengas y ñires. Caminar bajo esa bóveda verde genera un microclima propio: el viento se apaga y el aroma a tierra húmeda lo envuelve todo. Antes de llegar al Refugio Azara, el bosque se abre hacia la vista panorámica de la Cascada Azara: agua de deshielo golpeando la roca con esa clase de estruendo que te obliga a detener la marcha y, simplemente, contemplar.
Pasamos la tercera noche en el Refugio Angostura, aún más inmersos en la naturaleza. Rodeados de lagos, montañas y un silencio tan denso que casi se podía tocar, comprendimos nuestra verdadera escala frente a la inmensidad.
El camino de regreso desanduvo nuestros propios pasos. Una última noche en el Tucúquere, que a esa altura ya se sentía como un hogar conocido. En la caminata final, con las mochilas más ligeras pero cargando una profunda sensación de plenitud, le dimos un último vistazo al Lago Belgrano. El viento seguía allí. Pero esta vez ya no se sentía como un obstáculo, sino como la respiración lenta de un lugar que, en silencio, nos había reordenado por dentro.


La Experiencia Still & Trail
En Still & Trail creemos que no hace falta cargar con el peso del mundo para experimentar su belleza más cruda. Cuando diseñamos este viaje para nuestros viajeros, nos encargamos de la logística más agreste: aseguramos los refugios, curamos un menú de expedición premium y proveemos guías privados expertos. Tu único trabajo es caminar a tu propio ritmo, observar con atención y asimilar la magnitud absoluta del paisaje.
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